Reflexion . . . (final de Ignizar)


La calma era relativa, tanto, que podría verse sometida a las cadenas de la tempestad. La vida en el castillo de Anderia no era nada fácil, había crisis económica, recursos que no llegaban nunca, bocas que llevaban semanas sin alimentarse como deben, falta de víveres, falta de dinero...
Son los estragos de la guerra, las consecuencias de la derrota, las ataduras de la expropiación de tierras... todo por no poder haber caído en una batalla que no se presentó.
La espera de dos meses no ha sido suficiente para que los hombres de Tinchus se dirigieran a asediar Anderia. Los hombres están inseguros, flaquean a cada paso que dan, no quieren abandonar a su señor en tiempos tan aciagos, pero sus pagas peligran y no saben a qué atenerse si faltaran...
La fidelidad de sus hombres, se ha visto reforzada por la unión de nobles, aliados y amigos, que cuentan con todo su apoyo para seguir adelante y ayuden a su señor a tener el renombre que tuvo antaño. Hoy duque, ayer archiduque. Es posible que nunca adquiera de nuevo el título de Archiduque, pero posiblemente morirá en el intento.
Mi guardia personal me ha abandonado y Henry ha huído en cuanto ha podido escuchar nada acerca de la economía del ducado de Anderia.
Lealtad, esa es la causa de mi desdicha. Lealtad a una persona que todo lo dió y por quien todo daré. No serás bienvenido a mis tierras, Tinchus, cuídate de tu gran castillo del oeste de Génova.
Pues miles de hombres os estarán esperando a sus puertas, a vos y a todos vuestros vasallos. Esta guerra no la habéis ganado todavía, y aunque el pueblo de Anderia me haya abandonado, yo cabalgaré junto con mi ejército para apropiarme indebidamente tus tierras, como vos habéis hecho conmigo hasta ahora.
En todas las batallas que he presenciado, habéis sucumbido al filo de las espadas anderianas, un buen día nos encontraremos en un duelo justo, donde la ambición y el terror de un bárbaro se enfrentará al espíritu de templanza de un siervo de Dios.
Hasta que caiga en la batalla, no dejaré de pelear.

. . . .

El descontrol, los nervios y la tristeza manaban en la cara de todos sus hombres. La mitad de mi ejército se ha desbandado al no cobrar a principios de Enero.
Los débiles huyen, sólo los fuertes prevalecerán. Algunos miles de hombres serán más que suficientes para que Tinchus sufra a las puertas del castillo.
Si por el contrario no es así, pereceré junto a mis hombres.
Esta será mi última nota si caigo en el campo de batalla, mas alegraros si vuelvo a hablaros una vez más, significaría que el ex Archiduque de Anderia volvería a la carga contra su acérrimo enemigo, Tinchus.

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