El sitio de Esmirna, día I

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Marcus, permanecia ajeno a la guerra, paseando por la playa junto a su amada Kayla y sus dos hijos, todavía unos niños.
Sin saber, que muy lejos, su ciudad, amada y cuidada durante años, estaba totalmente rodeada y bajo asedio.
La inmensa ciudad de Esmirna, cercana al mar, era famosa en todo oriente, por encima de la propia Bizancio o Athenas, por sus bibliotecas, baños públicos, calles perfectamente delineadas, parques y paseos, fuentes y una arquitectura única, mezcla de las corrientes de Sera Maior (China), arabicos, indios y occidentales.
Las calles se encontraban atestadas, el palacio repleto, así como los albergues, los refugiados habian dejado de llegar hacia pocos días.
Las provisiones, literalmente se evaporaban.
El Gobernador, habia llamado a las armas incluso a los retirados veteranos, a hombres y mujeres.
Entre las tropas de élite, se encontraban las valquirias de Esmirna, temidas guerreras entrenadas desde niñas según sus aptitudes.
Portaban una ligera armadura de una extraña aleación, revestidas de marfil o bañadas en plata u oro, según su rango.
Todas portaban en sus yelmos la media luna azul, echa con zafiros.
Se dividian en dos especialidades, las llamadas arcangeles, en cuya armadura portaban dos alas metalicas y las amazonas, que iban tanto a pie como a caballo.
Custodias del arcano templo de Artemisa, la Diosa de la ciudad, nunca se echaban atrás, ni daban cuartel ni lo esperaban, tan sólo tenian un fin en la vida, honrar a la divinidad y dar sus vidas por ella.
La ciudad comercial, estaba preparada para el embite, habian oido del ejército que tenian ante si, al fin veian a sus enemigos, los ghouls de Falquian.. rumores se habian echo eco, cuando diez años atrás, el rey mando una embajada a la ciudad amiga, Kiev, de guerreros temibles que portaban siempre su negra armadura, echa de escamas de acero.
Una mirada de hierro, imperturvable que sobrecogia el corazón de quien miraba...

El sol se habia puesto hacia horas, y tan sólo las antorchas, centenares, miles, iluminaban las almenas y las calles.
En las torres, centenares de ingenieros preparaban aceite y plomor para soltarlo sobre los asaltantes.
Todos permanecian en silencio sepulcral, esperando que la oscuridad se cierna sobre ellos.. pero en vez de eso, un batir de alas sobre sus cabezas llama su atención.. miran al negro cielo y no ven nada por más que escrutan la oscuridad..

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