El asalto y caida de Esmirna

.

Mientras absortos, los soldados miraban al cielo, unas sombras se movian a gran velocidad en el patio de armas.
Con un certero golpe, aplastaron los craneos de los centinelas y cortaron las cuerdas, haciendo que las poleas girasen a gran velocidad y el puente cayera en seco, creando un puente a las puertas de la ciudad.
Los Ghouls de Falquian, cargando con una horrenda maquina, llegaron en pocos segundos al portón y comenzaron a golpearlo, mientras decenas de proyectiles eran lanzados contra las murallas.
Los Ghouls cargaron contra el castillo, los esmirnianos miraron incredulos, ¿a donde iban sin escalas?.. pronto encontraron respuesta, cuando de fila en fila saltaron más de treinta metros hasta las almenas.
Tomados por sorpresa, la primera fila de esmirnianos cayo a golpes de espadas y hachas.
La consúl Adalqisa von Ritterland, Tribuno de las Valquirias, reaccionó y comenzo de inmediato a impartir ordenes.

Consúl Adalqisa von Ritterland - Guardias del Fenix, abrid fuego ¡¡YA!!, primera cohorte de valquirias cubridlos, segunda y tercera cohorte al portón, ¡¡NO DEJEIS QUE PASEN!!

El aceite y el plomo, de nada servian contra este enemigo, por lo que los ingenieros fueron al Reichtag a refugiarse, junto a los civiles desarmados.
El sonido de dos millares de ballestas disparando incesantemente llenaron el aire, junto a los gruñidos de los ghouls asaeteados, caian por centenares, pero la negra marea pareciera no tener fin.
Las valquirias no paraban de repelerlos conforme saltaban, mandoblazo tras mandoblazo, conforme caia uno, llegaba otro, el portón cedio y el sonido de la madera partiendose fue el reclamo para que entrando en un frenesí los asaltantes tomasen más impetu en sus acometidas.
Algunas valquirias eran lanzadas por la muralla y el seco sonido de sus cuerpos al desnucarse era prueba de su muerte.
En las torres, arriba, grandes onagros disparaban sendos proyectiles que traspasaban filas enteras de enemigos.
Pero pronto, tambien estos fueron silenciados.
Conforme la marea negra empujaba a los valientes guerreros de Esmirna, se hacia más imposible mantener la posición, las cohortes segunda y tercera, acabaron desbordadas y temiendo ser rodeados, la consúl ordenó replegarse al Reichtag, el último bastión defendible.
A la carrera, un puñado de centenares de hombres lograron alcanzar el inmenso edificio, mientras las calles eran barridas por los guerreros de negro...

Consúl Adalqisa von Ritterland - Centurión, ¿cuantos hombres quedan?.

Centurión Alric - No muchos señora, doscientos treinta y seis, pero muchos estan heridos, no incapacitados, pero.. de normal no los llevaría al frente.

Consúl Adalqisa von Ritterland - Ahora necesitamos todo, Alric, entrega las armas que queden en el arsenal a los civiles, no tenemos otra opción que resistir hasta que lleguen los refuerzos.

Centurión Alric - Mi consúl, no vendrá nadie, estamos solos me temo, lo único que podemos, es morir con el honor intacto, aquí, en el mismo corazón de Esmirna y rezar a la Diosa que nos conceda el perdón por nuestro pecado, por permitir que la ciudad caiga en manos de infieles..

Consúl Adalqisa von Ritterland - Entonces, avisemos a la Legio I.. tengo una última orden, tú, ven.

Una joven valquiria, del cuerpo de arcangeles se acerca rápidamente.

Consúl Adalqisa von Ritterland - Debes llevar esto a la Legio I KaylaEngels, entregaselo al Tribuno Kurt van Sonnentroop, es vital que llegue a su destino.

Valquiria Konstanze - ¡Sí, mi Consúl!.

Toma la carta que le es entregada, junto a una bolsa de viaje, echa de cuero endurecido.
La bolsa le pesa, pero puede cargar con ella.

La joven valquiria, sale corriendo del palacio y dando un salto, se eleva en el aire, las alas metalicas emiten un sonido agudo, casí músical, y su figura, se pierde en la oscuridad del cielo.

Desde el cielo, la joven Konstanze observa la ciudad, como las llamas la alumbran y la ola de invasores, la envuelve como si de un manto negro se tratará.
Una lágrima sale de sus ojos, azul celeste y cae a lo largo de sus mejillas.
Su amada ciudad, destruida, el fuego, se acerca al Templo, pero entonces se percata de que la columna de luz que gobernaba el centro del Templo de Artemisa, no está.. ¿la Diosa les ha abandonado?.. continua su viaje, durante toda la noche surcando los cielos, nocturnos, hasta que el sol sale y observa bajo ella, una larga columna de soldados, ¡¡y el estandarte de oro con rayas rojas!!, al fin, la Legio I, la encontro.
Desciende casí en picado y aterriza.

Valquiria Konstanze - ¿Donde está el Tribuno?.

Portaestandarte de la Legión - Allí, al final de la columna.

Konstanze avanza corriendo, hasta toparse con el Tribuno, un hombre de mediana edad, robusto y de piel dorada por la constante exposición al sol.

Valquiria Konstanze - Un mensaje de Esmirna, mi Tribuno.

Entrega la carta y este la leé atentamente:

Si la ciudad cayera, deben arrasar cada palmo del Reino, tierra quemada.
La tierra, no vale nada, las vidas sí, traigan a cuantos pobladores lo deseén, dejen a los ancianos y a los presos, crucificadlos.
Si quieren Esmirna, que la tengan, pero su mayor tesoro, el Sonnen Hertz jamás lo tendrán, sin él, la ciudad y las tierras nada son, salvo polvo y cenizas.

Marcus I y Kayla I, reyes de Esmirna.

En esos momentos, el Reichtag era vaciado de cadáveres, todos sus ocupantes, murieron durante la noche, cuando las municiones para las ballestas se acabaron, empuñaron las espadas, cuando las energias escasearon y los brazos fallaron, fue el fin.
Y así, el 17 de Febrero de 1039, la Ciudad de Artemisa cayo en manos del Vástago y sus ejércitos oscuros.

No hay comentarios:

Publicar un comentario