La muerte del Berserker Leif Sorden en el ataque al Monasterio de Lindisfarne en Holy Island

.
En un día como tal de esos que se dan en las vastas y álgidas tierras de Northumberland circa del 8 de junio del 793 ( después del nacimiento de nuestro Señor Jesucristo ), esta a punto de fallecer uno de los hombres más valerosos que ha dado las tribus varegas, cuyo espíritu conquistador ha generado toda una exhalación de sus compañeros de batalla y una significativa felicidad por tal deceso, dado que el berserkers Leif Sorden, estará hoy por fin aguardando en el Valhalla, donde lo esperaran las walkirias como nuevo einheriar, por ser uno de los guerreros muertos en combate elegidos por Odín para que estén a su lado en la lucha del final de los tiempos para la llegada del Ragnarök.

Más las últimas palabras de tan impresionante majestad belicosa, han gestado toda una leyenda en la estirpe vikinga hasta nuestros días, ya que su deseo se va a cumplir a plenitud dado que morirá producto de una lucha donde las provisiones y riquezas obtenidas son magníficas, que colaboraran ha criar de buena forma a los vástagos y a las mujeres que esperan en las tierras nórdicas.

En un recinto pequeño e improvisado aguarda su tan anhelado viaje y es aquí donde se refieren sus últimas palabras y pensamientos en este mundo:

- Nunca pensé que Odín me daría el beneficio de morir en tan grata empresa, ya que cuando estaba admirando las estrellas en los albores de la mañana, situación tan atípica dado la predominancia de la nubosidad por estos parajes marítimos, cada estrella que resplandecía me hablaba de la gran victoria que obtendría hoy, aunque mis días no empezaron con estos mis hoy hermanos noruegos, le agradezco a Loki su burla al destino que originó que terminara acá en este momento apoteósico, cuando mi lucha generará toda una ola de prestigios a nuestra familia nórdica. Mi observación de las estrellas la realizaba con la convicción en mi corazón y a la vez la promesa para Odín, que por Thor el dios del trueno y de la guerra, toda riqueza que se presentara ante mis ojos sería arrancada y todo aquél que se interpusiera su vida habría de perder. Para ello, visualizaba a cada momento el frente de batalla, como la incursión iba a ser rápida pero certera y como en mi espada iba a recaer primordialmente la muerte de un buen número de enemigos que bastaría para lograr más gloria y bienestar a mi pueblo, pero si también mi espada perdiera, mi hacha estará presta a desmembrar cualquiera de las partes de los cuerpos de mis contrarios y que terminen todos en el Niflheim si su lucha no esta acorde a nuestra insigne fuerza vikinga.

Mis ansias aumentaban conforme se acercaba el tiempo determinado de arribar a tierra firme, dado que estaba en uno de los 8 drakkars con un promedio de 20 a 30 hombres (guerreros y remeros si así se necesitara) bien preparados a morir y a obtener toda la gloria posible, venidos a estas aguas del Mar del Norte a devastar, conquistar y darle triunfos a nuestro linaje.

Conforme esperaba el arribo a tierra estuve presto a comer algo, dado que necesitaba toda la fuerza necesaria para emprender la jornada, poco a poco fui sorbiendo el agua y los pedazos de pescado y carne seca, así como el pan traído a bordo para dar entereza y subsistencia en los días de travesía que se daban a través de las aguas del Mar del Norte. Una vez alimentado procedí a recostarme en mi arcón cerca de la proa en mi lugar reservado a esperar la incursión a tierra, dado que era el lugar del drakkar escogido para aquellos que teníamos la reputación y el honor de ser llamados los más temerarios entre los valerosos guerreros vikingos. Conforme aguardaba y la espera se hacia eterna, mi espíritu me avisaba que el desembarque estaba próximo, hasta que el centinela dio el aviso que se observa el destino determinado, la mencionada Holy Island, donde se encontraba el tan anhelado Monasterio de Lindisfarne donde según los mercaderes nórdicos se encontraban enormes riquezas las cuales estaban solamente aguardando la llegada de hombres de honor para que hicieran uso de ellas. Éste fue el detonante para que mi energía estallara y presto me colocara mi indumentaria guerrera que me distinguía como berserkers. Primeramente, tomé mi cota de malla y me la puse encima; luego, coloque mi espada adornada con mi nombre Leif Sorden enmarcado éste en una aleación combinada de oro, plata y cobre, cuya hoja de doble filo estaba labrada en multitudes de filigranas; agarré mi hacha o martillo junto con el cuchillo los cuales coloqué en su lugar debido, así como el casco cónico de cuero; para finalmente, tomar la parte esencial de mi vestimenta bélica, que era la piel de oso adquirida después de una lucha cuerpo a cuerpo con aquél animal cuya fuerza se transmitía a mi organismo conforme caía aquélla sobre mi propia piel. Una vez terminada mi metamorfosis idílica de preparación para la batalla, observaba a mis hermanos vikingos en menesteres similares a los que había estado realizando solo algunos momentos antes, donde se notaba la felicidad y ansia por que la hora había llegado de demostrar nuestra fuerza y valía para la honra nórdica guerrera y para la de nuestras familias.

A poca distancia de desembarcar con nuestras drakkars, cuyo poco calado nos permitía ingresar a lugares cuyo acceso se le negaba a las embarcaciones de nuestros adversarios en todo momento, invoqué a viva voz a Odín de la siguiente forma:

- Dios principal y el más polivalente de todos, que lo mismo proteges a los guerreros que a los poetas, a los brujos y a los muertos, dame hoy la inspiración, la fuerza, la valía, la agilidad y la destreza con la espada, para arrancar toda vida que se interponga ante mí y mis deseos de triunfo para adquirir todo bien que venga a enaltecer a los pueblos nórdicos, y que demuestren a la vez que no hay más dios que Odín cuya fuerza nos lleva a destrozar todo ser que no se subyugue a su vasto poder, ante esta situación, te invoco para que des la orden a Thor ya que su colaboración y guía será necesaria para que nuestras espadas atinen en todo momento y la victoria demuestre a los demás pueblos y reinos, de la lealtad y honorabilidad de tus fieles seguidores y de la inmensa gloria del “ dios padre del Asgard ” ”.

Al descenso de la nave nuestra marcha fue rápida como siempre, desplegándonos a la expectativa de la señal del ataque el cual usualmente era fulminante, nuestro observador cuyo ritmo era usualmente más apresurado al de todo el cuerpo armado nos da las premisas de la posición exacta de nuestro destino, una vez éste nos indica lo poco pero impresionante de lo percibido en las afueras del Monasterio de Lindisfarne donde se encuentran campos de cultivo, ganado, aves y según sus palabras la estructura hace presagiar mayores riquezas atesoradas al interior de la edificación, mi ánimo se hace aún más grande que alcanza inclusive lo apócrifo. Ante tal exaltación al espíritu mi marcha se acelera así como las de mis acompañantes guerreros. Ya cuando estábamos a poca distancia de nuestro destino final, he lanzado el grito inicial el cual siguieron todos al unísono, siendo éstos característicos de los ataques strandhuggs o ataques que se basaban en la sorpresa, donde los gritos estentóreos eran parte de la fuerza que manifestaba cada vikingo al iniciar una avanzada épica, por tanto, “ no puedo mentir hermanos míos que en esos momentos dejo de ser Leif Sorden para ser una entelequia que no puedo detallar, pero que se apodera de mi cuerpo y lo hace un ser devastador, cuyo único designio es aniquilar y llegar al triunfo sin importar quien o quienes estén al frente, para apoderarme de sus posesiones y subyugarlos momentáneamente a la potestad nórdica, para trasladar sus valores y bienes a nuestro haber y aumente con ello el prestigio de nuestra sangre guerrera ”.

Conforme nos acercábamos de manera estridente desenfundaba mi espada, a poco de ingresar al perímetro del monasterio se divisan algunos individuos que huyen aterrados gritando la frase "a furare normannorum libera nos, Domine" ( de la furia de los hombres del norte, líbranos, Señor, la cual recorría luego toda la cristiandad arrasada por nuestras huestes vikingas ); más algunos salen a ser frente a nuestro acecho en espera de detener un poco lo que era para mi inevitable, la aniquilación y el arraso de las posesiones de tal espacio cristiano. Ante mí sale un hombre magno como pocos he visto, que a pesar de su atuendo religioso empuña una espada, pero pocos momentos antes de su ataque, observo a mis hermanos dando muerte a aquellos que se les oponían o que salían aterrados en procura de salvar sus miserables vidas, si así como dije miserables por que todo aquél aunque sacerdote fuere de deidad alguna y que rehuya el combate no debe ser digno de merecer ninguna consideración y deben de ir directo al Niflheim. Una vez percatado de la presencia a pocos pasos de mi oponente, éste me enfrenta con potencia y rencor monumental lo cual no he de negar me brinda placer reconocerlo mi gozo fue increíble, ya que mi espada parecía iba a ser utilizada en un antagonista que a mi parecer su valía lo hacía plausible para confrontar a Leif Sorden el berserker, nuestro choque de espadas fue estruendoso, creo que nunca en reino alguno se había escuchado tal ruido, nuestra gesta emulaba la batalla que se daría en el Ragnarök, en ese momento nuestras fuerzas no daban tregua a ninguno, el choque de espadas continuaba, donde cada giro era repelido con insigne potencia y lozanía y a la vez en búsqueda de cada parte endeble o descubierta del cuerpo del adversario; a cada momento la posesión que en mí se daba se exteriorizaba aún de forma más clara, ya que el espíritu de aquél oso me infundía un furor increíble, en uno de tantos lances le doy un zarpazo en su pierna derecha ante lo cual en un tiempo que para mí fue toda una eternidad, él me ve fijamente a los ojos y a pesar de estar un lapso en plena lucha ambos, su mirada no reflejaba odio, rencor, desprecio, ni ninguna actitud desleal, por lo que mi placer ante tal batalla y contendiente aumentó en forma inmedible, a pesar de tal herida se mantenía en pie utilizando su espada con calidad y precisión pocas veces vista en un hombre que su atuendo lo hacía parecer un simple monje, pero que su manera de pelear delataba otros menesteres en su pasado, luego de más tiempo, le acerté otro golpe que a mi parecer era mortal, cae de rodillas me acercó para darle la estocada final, pero de repente desenfunda un cuchillo que me lo incrusta cerca de mi abdomen, el cual sentí con su horrendo frío en todas las partes de mi cuerpo, ya con sus fuerzas aminoradas ante tal esfuerzo sobrehumano decae de nuevo el individuo, lo que aprovecho para sacar la filosa daga de mi vientre, tiro mi espada y retomo mi hacha pero antes le interpeló:

- ¿Quién eres? -y su respuesta no se hace esperar.

- Soy el príncipe Guillermo hijo del rey de Mercia, Offa.

Ante esta respuesta que fueron sus últimas palabras, le deje caer con toda mis fuerzas el hacha y su cabeza rodó por los suelos de uno de los huertos del monasterio.

Más la estocada recibida en mi caso sabía que era mortal, ya que la sangre brotaba por doquier y teñía de un rojo intenso el terreno. Para aquel entonces, como lo recordarán ustedes mis hermanos vikingos la victoria era ya nuestra, los pocos sobrevivientes antagonistas lo estaban por que habían escapado a nuestras garras y era poco inteligente ir a su cacería, por tanto, nos dedicamos a arrasar todo lo que estuviera a nuestro alcance mientras yo me conservaba en pie para no entorpecer su obra. Una vez acabada la tarea uno de ustedes me tomo del brazo a lo cual rehusé, más poco después mis fuerzas me abandonaron y debieron trasladarme hasta este recinto improvisado para que mi energía o lo poca de ella en mi ser no se esfume mas fugaz de lo que hasta ahora ha sido y desde aquel momento estoy postrado acá en espera a que mi camino sea definido. Pero lo sé mi momento a llegado, espero que Odín me escoja entre sus guerreros para encontrarme junto a él en el Valhalla en procura de la lucha al final de todos los tiempos. Lo que deseo con todo este relato mis hermanos es que consideren la valía, el honor y la lealtad con la que he conducido mi existencia, no les ruego nada sino que se me cumpla con lo justo y que me he ganado gracias a la entrega en los campos de batalla, por que deseo que el nombre de Leif Sorden sea mencionado por la eternidad como un auténtico guerrero vikingo de ascendencia varega pero que amó con todo su ser al pueblo noruego que le adoptó. En ese momento expiró y sus ojos se cerraron para siempre ”.

Más su espíritu no viajó de inmediato al Valhalla, ya que Odín ( el dios padre del Asgard ) le permitió observar su ceremonia sepulcral y es aquí donde el ahora einheriar Leif retoma de nuevo la narración de dicho acontecimiento:

- Al cerrar mis ojos todos gritaron al unísono mi nombre ( creando tal estruendo que retumbaron las aguas del Mar del Norte ) de la siguiente manera “ Gloria y honor eterna al berserkers Leif Sorden ”. Posteriormente, me despojaron de mis ropajes para darme limpieza y trenzar mi barba, luego vistiéronme con los ropajes tradicionales de mi estirpe, siendo puesto en una hoguera con toda mis armas para luego prenderme fuego y así ser incinerado mi cuerpo. Una vez todos mis vestigios se habían consumado mis exequias fueron colocadas en un recinto de piedras que hacían pensar en su figura a uno de los tantos drakkars que había abordado para realizar luego mis proezas guerreras. Ante tales honras, me retiro tranquilo al Valhalla donde las walkirias me aguardan como einheriar para la espera del Ragnarök en la postrimería de las épocas ”.


Del viaje de Leif Sorden al Valhalla transcurren algunas otras jornadas, las cuales serán punto de historia en otra ocasión.


No hay comentarios:

Publicar un comentario