La muerte de Ignizar

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El carcelero se dispuso a entrar en la celda, en la cual Ignizar estaba encadenado. Tenía grilletes en las manos y en los pies, pero tenía lo más importante desatado, la mente. El carcelero entró en la celda e Ignizar no hizo absolutamente nada.
Sacó su espada para intentar intimidar a Ignizar, pero éste, esperaba a que el carcelero estocase por primera vez.
Ante la templanza de Ignizar, el carcelero se enfureció y lanzó un tajo de arriba abajo al cual a Ignizar solamente le sirvió alzar los brazos para bloquear el ataque con las cadenas de los grilletes de las manos. El metal no se quebró, pero se debilitó y saltaron algunas chispas. Debido al reducido movimiento de Ignizar en las piernas, solamente pudo soltarle un rodillazo tras el bloqueo de la estocada.
-¿Ah sí? Ahora verás...
El carcelero demostró por qué estaba en ese puesto custodiando a los prisioneros, y sus artes de mutilación se vieron latentes al lanzar uno y otro tajo más al prisionero indefenso.
La sangre manaba por todo el cuerpo de Ignizar, pero éste no sentía nada de dolor, sino honor y sobretodo gloria. Porque iría al cielo, todos sus actos fueron de honor, ni de traición, pues fue leal hasta la muerte a la reina Yasmin. Y ahora, la muerte se acerca.

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