A la mujer de mi vida

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22 de Mayo del año de 1040 D.C


A la mujer de mi vida:

Ha pasado más de un año desde la última vez que estuve a tu lado. Más de un año desde que tus clareados cabellos se fueron de mi lado con aquél extraño aroma a jazmín que siempre tenían. Hoy faltan dos días para que haga un año que te perdí para siempre; un año desde que en medio de la plaza pública de Burdeos, un verdugo sarraceno te quitó la vida.

Desde entonces no hay día ni noche en que no sueñe contigo, no existe momento que deje de pensar ti. Te veo en cada recodo de mi camino, eres el alegre lucero que ilumina mis mañanas, la sutil musa que me inspira, eres Mariana el dulce tormento de mi corazón. Ver a nuestra hija crecer, ver su enorme parecido a ti, hace que se me claven en el corazón punzantes recuerdos. Pero junto la pequeña eso es lo que me queda de ti. Un pasado hermoso truncado en su apogeo, cuando era un tiempo dorado.

Mariana a cada paso de mi caballo, recuerdo cuando juntos observábamos mis feudos en busca de soledad. Cada rosada amapola me lleva a ver tus mejillas avergonzadas ante el primero de los bruscos halagos de un vizconde en una taberna de buena fama. El blanco lirio, trofeo de reyes, revive en mí el delicado cuerpo que tanto añoro. El volátil diente de león me provoca las lágrimas pues pienso en la lejanía y cuanto nos queda aún para volver a estar juntos eternamente. El canto del ruiseñor es vuestra voz a los oídos de éste cansado hijo de Yahvé que ye ama noche y día.

Amor mío, los dioses son envidiosos y el nuestro lo es más. Sin duda fui castigado, pues amarte por encima de Él, es la mayor de las blasfemias; adorarte por encima de Él rompe la tablas juradas en el Sinaí. Lo que Él no comprendió es que sin ti, mi vida perdió el sentido, que sólo me alivia el ojo por ojo y que no podré vivir en paz hasta que me llegue la muerte, odiándole a él tanto como a vuestro asesino. Blasfemo seré entre judíos, igual que perjuro soy entre los cristianos más no vivo por ellos, si no por tí.

Princesa mía, mientras me quede aliento en éste viejo cuerpo, debes de saber que nunca te olvidaré y que junto a nuestra hija, día a día iremos hasta el lugar donde reposa tu cuerpo y dejaremos parte de nuestro corazón para que te reconforte en forma de flor; mientras, ambos lloraremos por la vida perdida, por los sueños truncados,…y que venga la Parca o el Fin de los Días cuando deseen pues tan sólo queremos tenerte de nuevo a nuestro lado por siempre jamás.

Te amo con toda mi alma y así será por siempre.


Atte. Un judío triste en busca de la felicidad.


Atenodoro

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