Finales del año de 1042 D.C Hace tanto que no escribo que mis manos tiemblan de la emoción. Creo que la desaparición de Kali me consternó más de la cuenta. Se fue de manera tan misteriosa como había llegado y por ellos no he sabido los motivos que la impulsaron a dejar abandonado a este mísero hijo de los dioses. Un trovador al que preguntó Gwydre le dijo que se había quitado la vida con su espada cuándo un grupo de soldados dragones parecían perseguirla; otro dijo que murió degollada por su propia Guardia Personal cuándo les despidió;…el caso es que quién parece haber sufrido por su pérdida soy yo. Parece cómo si todas las personas que quiero estén destinadas a un triste final.
Una de esas personas que quiero es Ludovico, quién ha partido a Atenas en busca de mi bastardo Wotan. El chico lleva allí meses preparándose para ser un buen hombre de dios. El problema es a que Dios se piensa entregar. Tantos dioses tienen sus progenitores y a tantos he adorado yo, que de imitarme acabará sin saber quién le juzgará en el mundo de los muertos.
Creo que nunca he hablado de este joven bastardo del que me siento tan orgulloso y que tanto amo. Principalmente porque Wotan, es mi único hijo varón. No será primogénito ni heredará más de lo que pueda darle. Mi padre no vería bien que un sucesor de la Casa principal fuera bastardo, así que en público jamás le he considerado como hijo. Sus riquezas serán las mismas que las que herede Ludovico. Además ambos puede decir que tienen el mismo origen con sus nombres de origen germano.
Wotan nació hace cerca de 15 años en Ciudad de la Furia, mi mismo lugar de nacimiento. Su madre era una hermosa mujer llamada Brunilda con la que ejercí mis derechos como señor, cómo lo llaman algunos. Aunque más bien me enamoré de ella y decidí tomarla, sin saber que se iba a casar en aquellos días. De haberlo sabido no la habría tocado o quizás nos habríamos casado, pero ella me amó tanto que calló su futura boda y luego nuestra relación, por eso nuestro pecado no transcendió.
Su padre murió en tiempos de las guerras de Sikarios con Flama de Fog. Era un valeroso oficial y siempre le había tenido a mi lado pues aquella cercanía me permitía saber de mí hijo y de Brunilda. Aunque con el paso de los años el amor de los dos se había apagado, ya que desde hacía mucho sólo en mi mente estaba mi amada, adorada y eterna prometida Mariana.
Como decía este valeroso general llamado Edmundo, murió en la batalla en la que el mismo Gwydre ganó renombre. Pero me sentí culpable por ello y aproveché la ocasión para acercarme a mi propio hijo, acogiéndolo a mi lado. Más nunca dejé de llamarle sobrino. Con el paso del tiempo, algunas personas vieron el parecido entre nosotros dos y comenzaron a correr rumores por la fortaleza. No quise que Mariana pudiera mal pensar de mí, por un pecado de juventud y decidí que Wotan tenía que ser educado en el monasterio de San Beren el Manco.
Cuándo cumplió doce años le envié a la casa del Archiduque Syric, un gran amigo, para que aprendiera el arte de la guerra con una persona alejada de grandes conflictos. Así pues llegó a las Asturias en donde yo mismo combatí en ocasiones a su lado. Teníamos pensado Syric y yo crearle una provincia al joven, para que allí comenzase a extenderse la Casa de Telamón por el mundo. Más quiso el destino que yo me tuviera que ir a mi fortaleza en Centroeuropa y mi hijo se fue a estudiar junto San Beren Erchanion a Atenas.
Y esa es la historia de mi hijo, de quién espero grandes proezas el día de mañana. No le llamaré nunca hijo ante el pueblo, pero estos sabrán que es un verdadero miembro de esta ilustre Casa cuándo salga de Ciudad de la Furia con el escudo de Oso azul. Además me lo llevaré a las Asturias para que juntos veamos como crece su futura heredad, después Marianita recibirá mi provincia si los dioses me son propicios.
Después me retiraré de este mundo con el mismo silencio con el que vine. A estos viejos huesos no les queda más por hacer que esperar su final y reencontrarse con su amada cuyo nombre no le ha dejado nunca de susurrar el viento, Mariana.

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