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Espero que las razzias a las que serán sometidos los feudos sirvan de algo a los más poderosos de los amigos de mi amada, ya que no veo posibilidades de supervivencia. Esta misma tarde mi consejero y primo lejano Ludovico me ha trasladado dos noticias del frente Oeste: Sr Antz y William Gallagher han caído en manos del enemigo.
En el caso del primero donde estaba Ludovico como observador me ha relatado de esta manera lo sucedido:


16 de Junio del año de 1039 D.C.
Espero que las razzias a las que serán sometidos los feudos sirvan de algo a los más poderosos de los amigos de mi amada, ya que no veo posibilidades de supervivencia. Esta misma tarde mi consejero y primo lejano Ludovico me ha trasladado dos noticias del frente Oeste: Sr Antz y William Gallagher han caído en manos del enemigo.
En el caso del primero donde estaba Ludovico como observador me ha relatado de esta manera lo sucedido:
“Amanecía un día gris cuando vi llegar las tropas sarracenas en perfecta columna. Antz se colocaba su armadura de brillante hierro toledano mientras varios de sus oficiales le comunicaban la triste noticia de la perdida de un puñado de buenas tierras. Pude ver como el rey, le decía con la mano y una mueca que aquello ya no tenía importancia.
Las tropas del rey salieron con él a la cabeza al encuentro del adversario, más no contaban con que sólo se trataba de una vanguardia de Almanzur y hasta el propio Antz de no ser por la intervención de su abanderado habría caído muerto. Las puertas del castillo se abrieron para su señor ensangrentado y cientos de heridos, la conmoción sacudió todo el lugar. No les quedaba más que esperar refuerzos de toda la provincia.
Vi con horror como se armaba a todo súbdito que pudiera portar un arma desde el más viejo hasta el más joven. Sólo recuerdo historias de viejos guerreros que se vieron obligados a lo mismo en la desesperación, pero Antz con quién conversaba tranquilamente mientras se recuperaba, me explicaba con calma que sus refuerzos llegarían. Las tropas de Almanzur llegaron mientras desde el Este nos venían rumores de pequeñas razzias telamónidas y del judío Shylock, más eran arañazos frente la armadura del hispano.
En tres ocasiones insistí a Antz huir del lugar antes de que cayese ofreciéndole alojamiento en nuestra fortaleza, pero él desistió. Sabía que podría huir a otras tierras de su propiedad. Aún así día y noche su castillo era atacado, sus hombres lo defendían y caían. Parecía una partida de ajedrez sin vencedor hasta el último momento, pero ocurrió lo peor.
Las enfermedades se unieron a la escasez de víveres del castillo. Las tropas apenas compartían por cada cinco un mendrugo de pan. Vi niños comiendo negras ratas de la que solían roer cadáveres tras una batalla, así pues decidí que yo mismo debería de huir de la ciudad. Hasta que Antz reuniendo todo el valor posible, habló de una salida nocturna cuando el enemigo no se lo esperaba. Matamos y destruimos ingenios, vencimos una batalla bien planeada, pero Antz volvió a ser herido. Había cargado al frente de sus tropas como siempre hacen los valientes.
Aquella misma noche estalló la epidemia o al menos fue cuando nos dimos cuenta de ella. Antz enfermaba de sus heridas mal curadas y no podía moverse a no ser en parihuelas, no podía moverse y tampoco podíamos moverle. Almanzur se reforzó y las tropas ansiadas no llegaban a la defensa del feudo. Todo estaba perdido. Tras multitud de intentos de defensa la ciudad cayó en manos del enemigo y con ellos el rey. Como un cobarde me vi obligado a dejar el lugar en llamas tras de mí, con la esperanza de vengar algún día mi propia cobardía.”


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